viernes, 3 de octubre de 2014

Kamarampi, la Planta Madre


Bordado Shipibo
Me he encontrado varias veces con la planta madre, es una enredadera y mientras más vieja, más grosor tiene su tronco principal, se acomoda en otros árboles subiendo como una serpiente, enroscándose para llegar a la luz, bella como todas las plantas y habita en plena selva del Amazonas, dentro del ¨monte¨ como le llaman a la selva tupida los pobladores de la región.

Nunca fue mi intención probar su brebaje para alucinar o auto buscarme espiritualmente, pero como todo joven normal, en mis tiempos, inquieta, osada y con inclinaciones de estas que te dan cuando quieres degenerar la realidad, empecé a estudiar e investigarla, como el peyote o la marihuana, plantas sagradas para las culturas indígenas.
 Cuando comencé a estudiar la Ayahuasca fue leyendo un libro denominado ¨La Serpiente Cósmica el DNA¨ Que era básicamente una comparación entre las visiones que se presentan durante el efecto que produce el consumo y el ADN del ser humano, plantea que desde ahi viene el origen del conocimiento.
Yo había escuchado a la vez que era una conexión con los muertos y la muerte reciente de mi abuelo había desatado en mí una intensa curiosidad en algo así como ¨el más allá¨. Esto porque soñaba con su cuerpo perdido, en mis sueños lo veía caminando con una mirada sin objetivo, sin enfoque, arrastrando sus pies. Quería ayudarlo a que pudiera dejar esa confusa mirada, despertaba preocupada por su bienestar donde estuviera entonces, que intuía, no era bajo la tierra.
Nunca he sido partidaria de alguna religión de hecho hasta la primera vez que fui a la selva amazónica mi percepción del mundo era solo vía comprobación científica, escéptica absoluta, no creía nada que no se pudiera ver , tocar, en fin, comprobar, tenía veintidós años y claramente mucho que aprender de la vida.  Hoy me declaro Atea-agnóstica, ¨ busco mi propia verdad¨ podría ser la bajada de esta declaración.

Entonces con 24 años ya y un par de experiencias en viajes a la selva peruana, me había salido de la realidad urbana, que era la única realidad para mi... Hasta que conocí otra, entonces ya sentía que no solo vivimos en esta dimensión,  hay muchas.
Nuestro cuerpo y sentidos de ser humano son muy limitados, mucho animales escuchan un espectro extremadamente más amplio que nosotros, los colores que vemos los homo sapiens se establecen en una pequeña parte del espectro electromagnético, las religiones llaman ¨milagros¨ los fenómenos que no tienen explicación racional, la ciencia es soberbia y los médicos alópatas en Chile al menos, tienen más ego que el sentimiento espontáneo de ayuda al prójimo, en su mayoría esta sociedad los reconoce como triunfadores, no por sanar, mas bien por el estatus que alcanzan con sus altos honorarios.
Pienso que claramente el ser humano ¨pensante¨ piensa y concluye dentro de un espacio auto establecido pequeño y bastante básico.
Pero no es mi intensión despreciar todo el conocimiento en que se han invertido muchos miles de años de nuestra historia humana. Solo lo planteo para que se entienda que como una humilde ser humano, soy abierta a la energía del universo y nuestra naturaleza en todas sus frecuencias, longitudes de onda y que siempre hay espacio para derribar los prejuicios y nos vamos a sorprender un poco más, solo caminando diferente.

Trabajando en mi realidad urbana en Santiago de Chile,  tocó hacer mi labor para un director peruano muy conocido quien hizo la película y serie ¨Pantaleón y las visitadoras¨ don Francisco Lombardi, quien llega a Chile a ejecutar el montaje y post producción de sus films, trajo un equipo humano desde Perú, en ese tiempo yo era la asistente de edición y justamente estaba leyendo el libro antes mencionado, que guardaba con recelo, solo por los prejuicios que podía desatar.
Un integrante  del equipo me preguntó si había ido a la selva del Perú al que conteste positivamente y me pregunto de inmediato si había probado la Ayahuasca... -NO- sorprendida contesté, -¿Quieres probarla?
-SI- más sorprendida aun respondí.
Me contó que en el vuelo que venían ellos también venía como pasajero un Chamán de San Francisco de Yarinacocha junto a un sicólogo de Lima, y que gracias a un grupo de Chilenos relacionados con la medicina que querían experimentar, habían convocado a estas eminencias de la ¨medicina sagrada¨.
Yo aún no podía creer lo que acababa de escuchar, miraba mi libro como si él tuviera algo que ver en todo esto.
Había que pagar una cuota no muy económica, la citación era para la noche del sábado siguiente y había que hacer una dieta durante dos días previos.
Cuando llegué mi bienestar se acentuó al ver que eran personas mayores y todos profesionales del área médica, sicólogos, pediatras, siquiatras, medicina general y suponía yo responsables con sus cuerpos y mentes.
A decir verdad me pareció muy cool eso que estuvieran en Chile y yo metida ahí con puros científicos probando esta planta espiritual y mágica, la cata era a nivel profesional. Para mi edad  era incongruente pero sincrónico, honorable. Yo ya estaba algo entrenada para lo diferente así que solo me entregué a la sesión.

Ya pasada la media noche del sábado se hace presente el Chamán con una túnica blanca y el sicólogo con cara de intelectual, de esos que leen mucho y de piel blanca, usaba un atuendo similar en su indumento.
El asunto era que estábamos todos los presentes al rededor de estos personajes sentados en colchonetas con un balde a un costado cada uno para vomitar, yo había leído que se vomitaba y luego comenzaba el ¨viaje¨. 
Cuando se daba inicio a la ceremonia, cada uno de nosotros se acercaba al chamán, se arrodillaba y recibía un pequeño vaso con el brebaje que era de un color verdoso-café-mostaza, diría yo, que había que tomar de inmediato. Antes eso si, cada uno debía tener una entrevista con el sicólogo donde aclaraba los motivos del acercamiento a la planta;
Si tenías problemas con tus padres, si eras alguien que no querías ser, infancia mal guiada, en fin cada problema se descubría verbalmente ante este señor en privado, para darle un sentido a la toma personal.
Yo por mi parte dije que tenía bruxismo, muy infantil lo sé, pero honesta al menos, tengo bruxismo desde niña, lo que me ha costado una pequeña fortuna a lo largo de los años.
No sabía bien que quería, solo vivir la experiencia y tal vez por ahí encontrar a mi abuelo e informarle que estaba muerto, que se entregara al viento, pero eso no lo confesé, consideraba que en dicho contexto era algo ridículo hablar de ¨el mundo del más allá ¨
Mi turno, comencé a tiritar.
Temía a lo desconocido, ya unos años antes durmiendo internada en la selva al entrar en el mundo de los sueños había vivido experiencias aterradoras en esta dimensión onírica.
 Pero ya estaba ahí, tenía que tomar, sabía que en mi estado alfa podía ser atacada y de eso no me pueden proteger el séquito de doctores con grandes títulos y años de estudio... Ya estaba ahí, frente al Chamán, de rodillas y él sentado con su poncho blanco y como en cámara lenta me ofrece el diminuto recipiente, yo realmente despavorida estiro mi mano para recibir, de pronto el lo levanta y me dice:
 -No! Tu no estas preparada-
 Francamente casi me dio un infarto, era la más joven del grupo por décadas, no tenía experiencia y pensé que hasta ahí no más había llegado mi participación.
El Chamán me toma el brazo izquierdo y puso dos dedos en mi muñeca, (donde se toma el pulso), dio un toque y sentí un calor que como si fuera una corriente tibia de inmediato subió hasta el hombro, desde ahí se expandió por todo mi cuerpo tranquilizándolo de forma espontánea... Yo impresionada sonreí y le pregunté
-¿ Qué hiciste? ¿ Cómo?-
Devolviéndome la sonrisa y extendiéndome su mano con el brebaje exclamó:
-Ahora estás preparada-
Recibí el brebaje que de inmediato tragué. Mi impresión fue como tomar un jugo espeso de pasto con ramas de árboles pasados por una licuadora, amargo y seco.
Me levanté impactada por lo de la corriente tibia y acudí a mi lugar.
Busqué el balde que dejé muy cerca, por cualquier eventualidad y esperé que terminaran de tomar el resto de los asistentes, nunca olvidaré ese golpe de energía en mi muñeca, esa sensación  radiante bondadosa en mis venas, es algo que busco siempre hoy.
Cuando el último paciente fue a su lugar, apagaron las luces y el chamán comenzó unos cánticos acompañados de una sonaja de semillas, era el inicio de la ceremonia. Yo me dormí profundamente, no supe nada más hasta que el cántico y las semillas dejaron de sonar, había terminado la sesión.

Me sentí muy frustrada, eran las 4 am y yo había dormido como nunca durante una ceremonia de ayahuasca con maestro y sicólogo importados exclusivamente, la primera y tal ves única oportunidad de mi vida! -¡Que pasa conmigo!
A parte, cada uno de los asistentes, si era su voluntad, hablaban de su experiencia por turno al resto del grupo, todos hablaban de que la planta lo había ayudado a descubrir que su padre... Otra la planta le había mostrado que una montaña representaba su trabajo, y así uno por uno, yo me levanté y fui al baño a tratar de desocupar mi estómago al menos, pensaba que no podía quedarme con las toxinas.
No sé, tal vez era tan soberbia e inmadura que no soportaba que a todos les haya resultado y yo nada. Simplemente dormí,  a pesar que me introduje  los dedos hasta el esófago, no pude vomitar y salí rabiosa del baño, ahí estaba el Chamán, como un fantasma, de pie, esperándome.
-Tu tienes que descansar- Me dijo.
O sea, - Descansé profundamente- Le contesté decepcionada y quise seguir hacia la habitación y me toma del brazo y me dice:
 - Carolina, tienes que descansar, esa persona esta muerta, reposando, déjala seguir, no te reflejes en ella, si sigues así, vas a convertirte en calaverita  así está el cuerpo de él en la tierra hoy, mírate como estas de delgada,  esa persona es muy sabia, si quieres ser como él comienza a utilizar la sabiduría a la que te encaminó.-
Mirándolo a los ojos, frente a frente, las palabras que acababa de expresar las recibí como una tremenda bofetada. Ahí mismo me brota un llanto desgarrador, como si me hubiese metido la mano por las fauces y sacado las entrañas desde lo más profundo del inconsciente, era mi abuelo, el sabio, el incondicional protector, el incondicional oyente, el incondicional guía y ya había partido de esta tierra, yo desde acá nada tenía que enseñarle.

 Hasta entonces yo no había vivido el luto, me había ocupado de tal manera que no permití espacio en mí para reposar el dolor de la ausencia, lo buscaba en mis sueños, en libros, en la soledad y silencio de mi espíritu libre, lo imitaba, escuchaba su música, me cobijaba en su lectura, usaba sus pantuflas... No lo quería abandonar, era el único que me aceptaba como soy  y no solo eso, él se encargó de enriquecer a este distinto ser.

Comencé un proceso de entendimiento,  aceptación y amor a la libertad en todo aspecto, me di cuenta que tenía que alimentarme en todo sentido y seguir descubriendo las maravillas de la naturaleza, la conexión y sincronía de los seres en este planeta, en el que mi cuerpo se mueve, bienvenido el desapego.


Vino una segunda sesión,  dos meses después, los mismos maestros, el mismo lugar, la dieta, el dinero, ya se había vuelto más heterogéneo el grupo de asistentes.
Comienzan los cánticos y con la sonaja ya me viene el profundo sueño al que intenté ahuyentar en silencio, sentada con mi balde entre las piernas lo último que recuerdo fue que me concentré en no dormir.
 Así cómodamente dormía cuando de pronto escucho a mi padre que me grita:  
-¡CAROLINA!- Despierto y veo al sicólogo  frente a mi, muy compuesto él, concluye:
-No te duermas-
Acto seguido, toma mi  mano y me levanta, yo medio de mala gana porque sentía ese sueño que te hace abandonar todo y solo disfrutar el amodorrarse, nos dirigimos hacia  el chamán que toma mi otra mano, formamos una ronda de tres y comienzan a entonar una linda canción, -
¨Salta y baila Carolina, ríe y sueña Carolina, canta y juega Carolina¨-
-Tienes que venir con nosotros- Me indica el Chaman.
Luego de eso, me senté muy alegre y agradecida tratando de reincorporar la energía y zas!  Dormida de vuelta, pero esta vez fue diferente, en mi yacer, aparece una hermosa voz femenina que insinuó que si quería yo conocerla, pues en su casa.
La planta madre.
Entendí que la próxima vez que fuera a la selva la buscaría, no acudí más a ceremonias en Chile.

Mientras estuve trabajando seguía familiarizándome con lecturas relacionadas y otras cosas, la verdad es que no sé si genéticamente o qué, cuento con desapego intrínseco a lo material, no soy una heredera millonaria, tampoco es que el dinero brote tras mi caminar, trabajo mucho y con eso mantengo mis ilusiones y placeres, tengo facilidad para armar narrativamente los trabajos de montaje y los directores confían en este criterio para estructurar sus historias.

 Vuelvo a Iquitos, ya conocía a un guía de confianza, don Mauro Arirúa, quien en mi primer viaje ayudó a internarme e impregnarme de la selva por 12 días.
No puedo narrar mi experiencia tercera sin antes relatar el primero de los viajes de mi vida que escogí en esta región y que el abuelo al enterarse me facilitó toda la información que pudo antes de partir , a parte de un par de alas para sobrepasar las prohibiciones enceguecidas de mis progenitores. 

Dos años antes llego a Iquitos en el primer viaje sola fuera de mi patria, desorientada recuerdo que mi primer impacto fue al ver desde la ventanilla en vuelo, la selva y los ríos serpenteando abajo, era como ver venas color café, el sol reflejaba destellos en algunas partes del agua color chocolate, ya para seguir con las novedades de esta ingenua inexperta, aterrizamos y se abre la puerta del avión dejando entrar un viento caliente húmedo, llovía y mi cerebro daba indicaciones de frío, pero mi cuerpo estaba muy acalorado, sensación contradictoria y nueva para mi organismo.
Tomé un motocar hasta Iquitos, la confianza era mi aliada, debía ubicar a un guía o empresa turística que me acercara al anhelo que llevaba.
Nadie podía creer que esta mujer quisiera hacer lo que yo quería hacer, la verdad es que yo tampoco entendía que nadie en este mundo con mis características se haya planteado ir a dormir dentro de la selva, simple.
 Guardaban silencio un par de minutos y luego de entender que yo hablaba en serio me derivaban a otro lugar, hasta que por fin di con un grupo de guías que me dijeron que esperara, tras una charla entre ellos medio secreta y de cuando en vez uno que otro levantaba la cabeza para mirarme, pienso que para confirmar que yo aún estaba ahí, y ahí estaba, estoica, con mi pequeña fortuna y un sueño, hasta que uno se acerca y me informa que llamarían a alguien que tal vez me podía ayudar: Don Mauro Arirúa.

 Don Mauro estaba consternado con mi presencia y petición,  también me explicó que una chica joven y solitaria de la urbe quisiera hacer esta locura, para él no era habitual, pensó que no podía negarse a esta señal divina, hasta entonces sólo habían contratado este tipo de servicios científicos consagrados o viajeros locos mucho mayores del norte del mundo que pagaban mucho más ya que eran financiados por sus investigaciones, revistas, estado, etc.
Pienso que lo conmoví.

Como don Mauro era muy conocido, no podía perder el trabajo de 12 días con turistas que pagaban mucho más por mucho menos, entonces me propuso que fuera con su hijo, que era aprendiz de Guía a un poblado llamado Sinchicuy, que quedaba a un día en embarcación por el río Amazonas donde vivía su suegra y desde ahí emprenderíamos la travesía a pie, internándonos en el monte alto.

Su hijo se llamaba Mauro Segundo, luego me enteré que había otro llamado Mauro Tercero y así varios más.
Mauro Segundo tenía veintiún años,  su padre nos fue a dejar al primer campamento, lo que nos demandó unos tres días desde Iquitos. Pero hasta el poblado en la ribera del río Amazonas era un día en barco, desembarcamos en un puerto y desde ahí un bote a motor hasta Sinchicuy.
En ese bote yo me hice cargo de dos gallinas blancas, vivas, amarradas entre ellas por sus patas, como se caían y aleteaban constantemente, las tomé y las puse en mi regazo para protegerlas de los golpes.
Cuando llegamos, vi desde lejos a la señora Rosa,  la suegra de Mauro padre, de unos 70 años,  nos esperaba a pie descalzo en la ribera, le tiraron unas cuerdas que amarró en unos pilares de madera de tal forma que nos arrastró hacia tierra, fuerza tenía la señora Rosa.
Yo lo primero que le pasé cuidadosamente fue el par de gallinas, que tomó y despescuezó inmediatamente arrojándolas al suelo para recibir más víveres, me ayudó a a descender del bote y de entrada me quedé hundida en el barro hasta las pantorrillas, ella tomó unos tablones y me dijo que pisara ahí rápido, seguí sus indicaciones hasta que llegué a la tierra dura, me apoyé en un árbol y sentí muchos pinchazos, eran las hormigas rojas, yo no había visto nunca hormigas rojas y comencé a aletear para sacarlas de mi cuerpo, te mordían y todas a la vez, emitiendo algunos quejidos ridículos me sacudía aceleradamente lo que hizo que se desatara una carcajada grupal.

Las casas son como unos palafitos,  en tiempo de lluvias sube el agua y se mueven en canoas desde una casa a otra, ya dentro del hogar  de la señora Rosa, me mostraron cual sería mi hamaca, mi espacio, que si quería ir al baño debía bajar, meterme dentro de los matorrales y buscar el lugar que me acomodara para desalojar mis necesidades y si se me apetecía agua me la sacaban de unos botellones que llevaron solo por mi. 
Si quería un baño, estaba el río o podía ir a un pozo y sacar agua con un balde y una cuerda, con una técnica imposible para mi motricidad sin que se me fuera la cuerda al pozo, además el agua chocolate salía con ranas, hojas, arañitas y pirigüines.

Mauro padre me explicó que su hijo me enseñaría el pueblo, las plantas medicinales cercanas y algunos atractivos naturales como los caimanes, delfines rosados, bancos de mariposas, tortugas, y lo que era atractivo para mi. Luego de esta charla volvió a trabajar a Iquitos, retornaría tres días después para continuar mi tour personal donde ya avanzaríamos al  introducirnos en la selva espesa y dejarnos en la primera parte (el primer campamento), por tres noches.

Esos tres días en Sinchicuy y la estada en casa de la abuela de Mauro Segundo, fue muy bueno para el período de adaptación,  el primer día caminamos en el poblado y conocí a los niños que como siempre se me acercan curiosos integrándose al recorrido intentando llamar la atención con diversas novedades: 
Papazos que eran escarabajos del porte de la palma de la mano con un cuerno parecido al de los rinocerontes y que además ¡Vuelan!, pequeños monitos ti-ti amarrados de una pata, (pienso que por esa razón tenían muy mal carácter). Papagayos, luciérnagas, culebras coloridas, las mascotas del mundo en que viven.
 Finalmente terminamos todos recorriendo y comprendí que los niños eran mucho más entretenidos que mi aprendiz de guía que al tratar de  ser protocolar se tornaba aburrido y predecible.
Entonces  me puse a  jugar  con los chicos durante esa primera tarde, Mauro Segundo resignado me dejó junto a ellos  y nos fuimos al río por el atardecer donde aparecen los delfines rosados, algunos se bañaron invitándome, yo no me atreví, el color del río es chocolate y me dio inseguridad no ver que deambulaba en esas aguas, además había leído ¨cosas¨ que mejor no pensarlas ... Ni bañarme.
Había un chico con una cicatriz en el rostro del tamaño de una nuez, era por que había caído a las aguas estancadas y lo atacó una piraña.
 Comencé a preguntarles todo y cada cosa, pedía que me contaran historias y aventuras, si habían visto jaguares, anacondas, finalmente era otra niña curiosa, es así que ellos fueron los primeros en advertirme de los espíritus malos dentro del monte.

-Chuyachaqui te va a molestar Carolina- Decía uno.
-Si, porque no crees en él- interrumpía otro
-A ya, y quién es Chuyachaqui?- preguntaba yo burlona
-El duende de la selva- varios de ellos respondían con un tono sumiso.
-Tiene un pie grande y un pie chico-
-Tienes que ver sus huellas- ahí lo identificarás!
-Y cuando lo identifique, que hago?
- Tienes que poner mapachos en los árboles como una ofrenda para que no se enoje- ( Los mapachos son cigarrillos de tabaco negro  que se fuman en la región.)
-Golpea las aletas de los árboles con el machete, su sonido viaja por las copas a mucha distancia y así pides ayuda!-
Yo en realidad estaba muy entretenida con estas fantasías y mientras esperábamos que aparecieran los delfines nariz de botella seguíamos la conversación.

-¿Y qué pasa si no puedes vencer a ese tal Chuyachaqui?- Pregunto
-Te lleva con él- Dice uno.
-Te roba en cuerpo- Dice otro.
-Chuyachaqui tiene una chacra con toda la gente que ha desaparecido y los mejores animales- Concluyen.
-Bueno,  entonces tampoco es tan malo vivir con Chuyachaqui- Respondo

-Carolina te van a molestar- Dice uno un poco más grande
 -Te van a molestar en la pesadilla- Decreta.
-¿Y cómo me molestan en la pesadilla?- Le pregunto
El niño se puso de pie, abriendo sus ojos y subiendo los hombros exclamó: -Cuando llega y te ataca, tu cuerpo se infla, se infla y no te puedes mover.-
-¡Te paraliza el cuerpo!- indica otro chico.
-Mmm, interesante y ¿Cómo puedo salir de ese estado ¨inflado¨o paralizado?
-¡Tienes que gritar!- responden varios chiquillos a la vez.
-Pero no puedes, no te deja gritar y mientras, te hace daño.- dice el más grande.
-Si Carolina tu vas a poder gritar, grita, lo más fuerte que puedas, grítale en el rostro, grita Carolina, grita!-
-Si, grita!- otros niños.
-Grita, grita!-Continuaban.
Ahí me bajó el instinto lúdico.
-Asi como...  Aaaaarggg!!!-  Grité de repente.
Todos saltaron de susto, quedaron inmóviles,  como si hubieran visto un fantasma de esos que me hablaban, me vino un jolgorio que comencé a llorar de la risa y ellos a reír a carcajadas,  gritaban imitándome, me incorporé ahuyentándolos, corrimos mucho,  con verdadero regocijo los perseguí hasta volver a la casa de la Abuela, olvidamos a los delfines.

Desde entonces prefería salir con ellos a jugar y descubrir sus actividades que el tour aprendido e institucional de Mauro Segundo, de hecho me buscaban por la parte de atrás de la casa y yo me escapaba de mi improvisado guía. No es difícil escabullirse en esas casas que son como unos palafitos sin puertas ni ventanas, sin camas, ni sillones, son solo  tablas distribuidas y algunas divisiones de maderas. En la cocina solo hay un fogón, no hay baño, duermes colgado de hamacas con sus mosquiteros y el techo es de hojas de palmeras.
 Por las noches se escuchaba toda una fiesta en ese techo, a veces me entretenía con la linterna apuntando los ruidos de las ramas y enfocaba una, dos, diez arañas del tamaño de una mano, quietas durmiendo seguro y otras cosas...
Cuando salía a dar una caminata nocturna, era mejor volver rápido, por que los mosquitos eran una nube permanente que, como eres sangre nueva, atacan en centenares lo que estuviera descubierto de tu cuerpo y ya para coronar la incómoda caminata los papazos te golpeaban como piedras y quedaban atrapados en tu ropa por que sus grandes patas tienen unas especies de ramificaciones que se enredan y sacarlos era un martirio, primero el golpe como si un ave dura y fría llegara a tu rostro, pecho o espalda y luego que se enganchaba, para desprenderlo había que tomarlo de la caparazón con cuidado para no hacerle daño.
Las noches siguientes opté quedarme en la hamaca dentro del mosquitero.
 Algo realmente mágico son las luciérnagas, que vuelan como si estuviera lleno de estrellas la oscuridad, son celestes  fluorescentes y vuelan como lo hacen las mariposas, para arriba y abajo en zig zag, una ilusión del universo a tu alcance, que comienza cuando ya no hay sol, pero queda la luz de éste, el ambiente es de color celeste y poco a poco se va apagando evidenciando estas estrellitas voladoras, la hora mágica.

 Así se cumplieron los tres días previos a internarnos en el monte, la última noche cenamos zorro con yuca, no es malo el zorro en realidad, ya lo había visto herido por la mañana, de hecho fui yo quien dio aviso que estaba cojito y que había que ayudarlo, hasta que me fui al paseo diario, no imaginé que lo encontraría en una olla hecho estofado a mi retorno, pero así es la vida en la selva.
Para la próxima tendré más discreción, pensé mientras me alimentaba.
 Esa misma noche ya había arribado Don Mauro a la casa de la señora Rosa,  al día siguiente emprenderíamos la caminata en la madrugada, antes de la salida del sol.

Tenían una ruta y dos campamentos dentro de la jungla identificados, no sé cómo porque en realidad yo nunca vi diferencias entre la selva virgen y el área de campamento, ahí solo se cuelgan de los árboles las hamacas envueltas en mosquiteros y tu habitación está lista. Había que tener una fuente de agua cerca, un riachuelo o ¨quebrada¨como le llaman. Ellos cargaban algunos artefactos como ollas y sartenes, fósforos, linternas, rifles y machetes, pan, huevos y algunas otras pocas cosas, lo demás se cazaba o se sacaba de los árboles y nos alimentaríamos con lo que nos ofrecía la jungla.
Caminamos casi toda la jornada monte adentro, iban marcando los árboles con los machetes, habían paradas necesarias para hidratarnos desde las raíces de unos árboles, estos árboles se reconocían por sus hojas y luego seguías la raíz que crecía a ras de la tierra hasta que finalizaba , ahí debías devolverte por la raíz unos 50 cm, le dabas un corte con el machete y luego el otro corte cerca del final, levantas la raíz horizontalmente con cuidado, pones tu boca en uno de los extremos, al inclinarla comienza a caer el agua pura y maravillosa.
Comimos pescado asado, que traían ya preparado,  no podíamos detenernos mucho tiempo por que debíamos llegar antes de las 17 al primer campamento, para armarlo y poder dormir sin improvisaciones técnicas.
Al llegar Mauro padre me preguntó si quería chonta ( palmito) a lo que respondí de inmediato positivamente, entonces ordenó a Mauro Segundo que cortara uno de los palmitos que estaban a un costado, vivos, era una palmera delgada, muy alta, Mauro Segundo comenzó a dar de machetes en la base del tronco y no tomó mucho tiempo para cortarlo, el que quedó afirmado vertical, el resto de las copas de los árboles lo sostenían, Mauro lo comenzó a bajar con ambas manos hasta extenderlo completo en el suelo, luego cortó los extremos e hizo un corte a lo largo y comenzó a abrir las capas de su corteza, apareció la médula blanca, era como un palmito gigante, se trozó y cenamos  palmito, mucho palmito.
Los Mauros prepararon los árboles donde colgarían nuestras camas antes de las 17 horas, una hamaca y como una especie de capullo el mosquitero, dando la impresión de grandes orugas listas para su metamorfosis, tras algunas historias de  jaguares y enanos con un pie grande y otro pequeños, nos fuimos cada uno a su hamaca, que están distanciadas dependiendo de la distribución arbórea. 






Te acuestas rápido, introduciéndote como un ratón a través del cierre del mosquitero, la idea es que no entren los minúsculos mosquitos, luego adentro columpiándote suavemente en la hamaca, debes prender una linterna y revisar que alguno no haya logrado escabullirse por ahí, si queda solo uno vivo dentro de tu espacio, te arrepentirás de no haberlo exterminado, son ruidosos y pican insaciables, no es que te quedes sin sangre, pero amaneces como una fresa y si tienes reacción alérgica, pues como un noni. 
Sobre toda la sencilla instalación individual se extiende un plástico a modo de pequeño techo, para que te proteja de la lluvia o de algún proyectil de los monos malintencionados. A mi me tocó recibir varios proyectiles en el techo... En un principio fue simpático, pero cuando estás en el profundo sueño y suena una rama lanzada con fuerza en tu techo plástico, pasas del amor al odio fácilmente.
La primera noche dormía tan profundo que me di vuelta en la hamaca acomodándome ( aún no me explico cómo) de boca al suelo cuando desperté tipo 5 am el dolor de espalda no me permitía volver a la posición normal, completamente doblada de mala manera, pero logré, sin hacer mucha parafernalia, volver a mi posición boca arriba. 

Tomamos desayuno unos huevos revueltos con pan traído como equipaje y Mauro padre volvió  dejándonos con su hijo en el campamento, ya había amanecido, pero dentro de la jungla la luz es escasa.

Por primera vez que me quedé sola junto a el hijo de  don Mauro, ahí recién comprendí que él estaba realmente horrorizado, me confesó que jamás se había quedado dentro del monte más de una noche y - ¡Menos con una chica!-
 Siempre había estado junto a su padre asistiendo a grandes grupos de machotes, de América del norte y europeos adultos, digo más viejos.
Yo era tan inconsciente que le perdí el respeto de inmediato, tanto así que fue fruto de mi bulling durante toda nuestra estada, me entretenía con él, su paranoia me motivó profundamente a torturarlo, me escondía para asustarlo, le tiraba insectos, le hacía bromas, jamás tuve miedo a los animales o los insectos, si mucho  respeto, pero quería fotografiar, comer de ahí, aprender lo que más pudiera de sobre vivencia y plantas medicinales.

Pero no había tomado en cuenta algo, en la selva no sólo existen animales, plantas e insectos. Los niños del poblado y la abuela de Mauro Segundo me advirtieron sobre las ¨almas¨, los espíritus malos que aparecen en la pesadilla. Yo no lo tomé en serio, pero me dijeron concretamente que me molestarían, por mi forma soberbia de ver ese mundo (el de los espíritus).
-En general vienen y atacan para que entiendas que no eres nada Carolina- Me aclaró la abuela antes de salir.
Pero yo como si manejara todo desde mi pequeña experiencia de vida, le decía
 -Si, si, si- Sin creer de verdad que algo podía pasar.

El conocer la selva amazónica fue mi primer sueño por cumplir, desde que era niña alucinaba con el hecho de despertar con los sonidos de los animales dentro de la selva.
Mis padres vivían cerca del zoológico de Santiago en mi infancia,  Monitor Araucano número dos era mi dirección que llevo como tatuada en la memoria hasta hoy. La nana que estaba a cargo de nosotras iba de novia con uno de los guardias del parque metropolitano, entonces los atardeceres íbamos a su paseo romántico acompañándola y yo no cabía en mí cuando comenzaba el ¨mágico momento¨ porque a esa hora todos los animales emitían sus sonidos característicos, entonces a veces rugía el león, se escuchaban las aves de mayor tamaño, monos, el elefante, y otros animales que yo no reconocía pero que incrementaba esta sinfonía magistral.
Luego más grande, solitaria buscaba parques nacionales donde me escondía manteniéndome como en estupor hasta que los sonidos de los animales reactivaban sus tonadas, a veces incluso archivaba  en grabadores portátiles de la época, esos cantos que más tarde escuchaba una y otra vez, siempre imaginando cómo sería de hermoso el amanecer en la selva, donde la enorme biodiversidad de animales estarían en su hogar viviendo sin miedo a ser enjaulados. 

Con Mauro Segundo era divertida la subsistencia, cazaba ranas que luego comíamos asadas, sacaba distintas plantas y comíamos tambien, nos colgamos de lianas tipo tarzán, todo el día jugábamos y espiabamos a los habitantes de dicho ecosistema, muchos monos, ardillas como las de los cuentos de Disney, aves grandes, chicas, pequeñas, coloridas, menos coloridas, serpientes e iguanas... Era mi sueño cumplido, había una araña tan grande que comía pequeños roedores y había roedores tan grandes que podían sobrepasar un gato en tamaño, los Majas, son roedores con el cuerpo pintado como los cachorros de pudús, en el estero color café que corría en la quebrada cercana había truchas, que también pescamos para alimentarnos, en los anzuelos grillos grandes, que recolectábamos bajo las cortezas.
 La mariposas color celeste brillante vuelan dentro de la selva y son una compañía hermosa, abundan y su tamaño es como dos de mis manos, negras con las alas pegadas y celeste calipso brillantes cuando despliegan sus alas. 
Al  pasar caminando por el barro profundo yo sentía incertidumbre, por que no ves lo que pisas, y una de las indicaciones es que siempre hay que mirar donde pisas, por que la mayoría de mordidas de serpientes, se producen porque las aplastas con los pies al caminar. Además las sanguijuelas son comunes, es por eso mejor botas para el agua en tus pies.

Casi todos los días yo dormía tan cansada que nunca desperté, solo para hacer mis necesidades y volvía a dormir tranquilamente en medio de la noche, ya llevábamos 3 noches adentro y el cuarto día Mauro padre hace su entrada monumental tipo 4 am con carne para el almuerzo y arroz, pan menos duro y agua fresca y limpia. 


Con su arribo levantamos campamento y nos introdujimos más profundo en la jungla, donde los árboles eran mucho más altos y la micro flora desaparecía por que las entradas de luz eran mínimas, solo un colchón de hojas que se descomponían formando el radier de nuestros caminos. Caminamos otro día,  sin detenernos, para poder llegar a almorzar-cenar-once a nuestro nuevo campamento.
En el trayecto sin quererlo, descubrimos una base de producción artesanal de cocaína abandonada, era un plano con luz que me hizo correr estimulada para unas fotos ( mi cámara análoga agradecía luz para buenas fotografías), pero don Mauro de inmediato me detuvo, acto seguido todos al suelo, tuvimos que avanzar punta y codo hasta que Mauro verificó que no había peligro, al menos en ese instante, la chacra estaba llena de pequeñas plantas de coca, yo por mi parte tomé un puñado de hojas de la planta más cercana y me las eché a la boca para masticar, como había visto, ¨-A ver que pasa¨ - Pensé yo.
 Había un profundo pozo en el suelo con sus paredes blancas, bidones de kerosene vacíos esparcidos por todos lados y ahí me advirtieron que estos personajes eran muy peligrosos y agresivos, se comportaban como guerrilleros, armados y si veían a una mujer extranjera en medio de sus plantaciones, mejor ni imaginar en que terminaría la historia. Les llaman  ¨Los trabajadores de la maderita¨. 
Se dedicaron rápidamente a marcar el camino para no encontrarnos con esta siembra de vuelta, yo con la boca anestesiada caminaba hacia el campamento segundo,  la sensación de suaves destellos en mi lengua.
 Caminamos gran parte del día y llegamos media hora antes de la oscuridad intro-selva, prepararon rápidamente la cena y armamos el campamento, esta vez había una mesa improvisada con cortezas, palos y hojas de palmeras firme y funcional, con banquillas y todo. Colgamos las hamacas y nos fuimos a dormir luego de historias de las aventuras de Mauro Padre.


Al día siguiente Mauro padre partió, y volvería a buscarnos luego de tres noches más, Mauro hijo sabía el camino de vuelta, si había algún problema podía confiar en la orientación del hijo, yo sinceramente no hubiese llegado de vuelta.

Lo entretenido de Mauro Segundo es que a pesar que ya tenía mucho conocimiento, era asustadizo,  muy exagerado y torpe con su machete,  sobre actuando en un rol de salvaje guerrillero, de hecho usaba botas y pantalón militar. Entonces se abría camino al andar exterminando todo lo que se atrevía a intervenir su pasar. Un día tomó una luciérnaga y la partió con su machete para ver que tenía dentro... 
No me quedé en silencio cuando vi tamaña estupidez, Mauro era torpe y joven sin duda, pero luego de mi sermón, fue menos inconsciente con su hábitat.
Esa noche nos fuimos a dormir temprano.

Estaba dormida profundamente y de pronto me despierta el ruido de pasos que se acercan por la hojarasca, un andar seguro y fuerte, pensé medio dormida que Mauro Segundo se había levantado al baño, los pasos cada vez más cercanos me hacen pensar que era extraño que Mauro viniera desde esa dirección, debido a que su hamaca y cierre del mosquitero estaban hacia el lado contrario, ya los pasos casi detrás de mi hamaca, tan cerca que no alcancé a terminar de pensar que Mauro me iba a pisar cuando siento en mi pecho un gran pie que traía puesto una bota de esas militares y comenzó a presionar con mucha fuerza. 

Tomé con ambas manos la parte del tobillo para tratar de contrarrestar la fuerza, la bota tiene hebillas,  una de mis palmas la pongo bajo la punta y comienzo a empujarlo hacia arriba doblando mínimamente la parte de sus dedos con mucho esfuerzo, intenté ver su cara, siempre pensando que era Mauro, esa noche había luna, entre la confusión de las copas de los árboles y el forcejeo identifico sobre mí una silueta con un casco militar, pensé:
 ¨- De donde sacó ese casco este estúpido¨-
 El ser saca su pie de encima y me levanta del pelo en la parte de la nuca y mentalmente escuché a alguien que no era Mauro:
- ¿Cómo que estúpido?
Bloqueando mis piernas, comienza a empujarme hacia adelante, él quería arrodillarme, poner mis manos en el suelo, yo tiesa, mi cuerpo completamente rígido, me concentré empujando hacia atrás con todo mi ser, luchaban nuestras fuerzas, sentía su voz mentalmente que me decía que estaba muy buena y que me violaría. 
Yo escuchaba, pero a la vez autobloqueaba mi cuerpo con una potencia indescriptible... Un agudo sonido salía desde mis poros, utilizando toda mi energía me convertí en una roca implacable. 
 Tienes fuerza ¿Ahh?- ¡Tienes fuerza putita!- 
Y estira mi cuerpo horizontalmente, boca arriba sin soltarme de la nuca, con su otra mano toma mis tobillos y comienza a encorvarme hacia atrás. 
 - ¡A ver cuanta fuerza tienes puta!- 
Yo muy confundida no tuve siquiera un segundo para sentir el miedo, una tormenta de pensamientos... Comprendí que quebraría mi espalda, era muy poderoso, algo que mis humildes fuerzas no podrían vencer. Como un rayo lúcido llegó la información que era sobrehumano y que esto no era en vigilia, entonces recordé que Mauro dormía a unos metros de distancia.
Comencé a llamarlo y no me salía la voz, tenía el cuerpo paralizado e inflado, trataba de gritar y no podía, mis fuerzas se agotaban, el ente dividiría en dos mi cuerpo, rompería mi columna vertebral...
- ¨¡¡Grita Carolina, grita!! ¨- Los niños me visitaron en otro rayo de luz.
Me salió un pequeñísimo sonido ahogado desde la garganta que me mostró el camino para canalizar mi aullido y tras eso, un grave y eterno alarido como nunca en mi vida:
 - Maaaauuuurooooooo!!!-
De inmediato se deshizo todo, se alejó en un tornado fugaz, desperté en el mismo lugar, la misma luna,  mi hamaca en un vaivén conciliador y el eco de mi grito aún se expandía por sobre las copas de los árboles.
Gracias a el reflejo de la luna divisé como Mauro inquieto se movía dentro su mosquitero blanco, salió con machete vociferando y ahuyentando desesperado, no se demoró en podar al menos 3/4  partes del lugar antes que nada.
Cuando se detuvo se me acercó: 
- Carolina, sabes gritar, no tenía idea que sabías gritar. -
Yo estaba realmente angustiada, nunca había tenido una experiencia de esa especie, no tomé en cuenta su dialogo y le dije llorando y shockeada, -¡ Era un hombre militar muy grande, que me había tomado con sus manos y me quería matar,  me iba a partir como quien parte una rama, un fósforo!-
Mauro feliz me dice: 
-  Carolina no te van a poder hacer nada.. Sabes gritar.
Yo lo volví a encontrar estúpido, estaba muy asustada, era algo muy fuerte lo que me había visitado, con una crueldad inmedible.
Mauro muy tranquilo volvió a meterse a su mosquitero y se durmió.
Yo no pude pegar un ojo hasta que amaneció, de hecho no descansé más. 

Tenia terror, cada vez que el cansancio me vencía y sentía que entraba en sueño profundo,  de un salto despertaba horrorizada, era como entrar en un lugar dentro de nuestro lugar, sentía esa energía y mi cuerpo reaccionaba de un salto asustadísima.


























Otra noche sin dormir profundamente, leyendo cobijaba mi hermética angustia, de repente siento que viene algo, mi corazón retumba en mi cabeza, me tranquiliza intuir que esta vez es un animal, yo comencé a darme de pellizcos a ver si estaba despierta, bastante desesperada.
Desde ese encuentro la selva para mi cambió, era tan espesa su proliferación, su aglomeración de vida, el morir para ser los nutrientes de lo que viene, ciclos, espirales, energías diversas, te podía atrapar, hacer perder la lucidez, todo respiraba, todo se movía.
Uno no sabe nada como ser humano de qué es lo que pasa con la energía ahí dentro.

El ruido o sensación que emitía el animal, parecía a la de un perro, a un costado de mi mosquitero se detuvo, yo no podía ver nada hacia afuera por que tenía el frontal prendido, y rebota la luz dentro del mosquitero, entonces me quedé quieta, con el libro en el pecho, entró un hocico puntiagudo en mi mosquitero, olfateó una de mis piernas y salió, caminó hacia la quebrada de agua.
Desperté a Mauro esta vez sin grito, quien salió por supuesto con machete en mano y linterna a dar una vuelta y al regreso me dijo que era un lobo gris joven.
Al amanecer siguiente cuando abrí los ojos, lo vi a través del mosquitero, era más tarde y ya el sol daba destellos de luz en el riachuelo que corría en la quebrada, entonces entre esos brillos mis ojos vieron un ser plateado, hermoso, ingenuo y sano, tratando de pescar con sus patas. 
Un hermoso despertar. 

Como dormía muy poco, comenzó a tener un tono surrealista esta historia, de noche me confundía entre estar en vigilia o se supone durmiendo, torturando mi cerebro todo el tiempo con preguntas sin respuesta, mis esperanzas que Mauro me diera alguna explicación racional eran nulas, cada vez que lo abordaba con el tema, las respuestas de Mauro eran:

-Tranquila, bla bla... gritar. -
Entonces prácticamente le ordené a Mauro que camináramos hacia el primer campamento, lo que hicimos ese día de vuelta.
Cuando ya estábamos acostados, yo en mi yacer pensaba -¨Estoy en medio de la selva, existe todo tipo de animales, insectos y plantas peligrosas que nunca me preocupó. ¿Cómo es posible que tenga miedo a dormir?- ¨  
No pude vencer el cansancio y me dormí. 
Desperté porque venía algo, por los árboles, 
- ¨A no, ¿Que pasa conmigo?¨- Pensé ya irritada.
Pero era real, minutos más tarde llegó una manada de monos, ruidosos como en guerra, tiraban palos a nuestros techos, atacaron las ollas, los monos nocturnos.
Mauro los echaba con gritos y devolvía los proyectiles lanzándolos a nuestros atacantes, pero los monos no se fueron hasta que sacaron todo lo que quedaba en las ollas.
Esa madrugada llegó Mauro padre, no se sorprendió cuando nos encontró en el campamento primero y caminamos al pueblo.
Cuando llegamos a la casa de la Señora Rosa, la abracé y le ofrecí mis sinceras disculpas  relatando lo sucedido.
Ella me dijo que estaba bien, que era evidente que me atacarían e intentó darme una explicación contándome  que los militares estaban en conflicto con la frontera de Ecuador en ese año, había militares que habían muerto hace poco, mas que nada por el tipo de entrenamiento, dejaban que desembarcaran en algún inhóspito lugar de la selva y volvían un mes después a buscar a los sobrevivientes.
Muchos morían y sus espíritus perdidos, deambulan por ahí.
También era sabido que las mujeres turistas al cruzar esa frontera eran violadas y asesinadas. Estaba prohibido que una mujer extranjera, cruce sola esa frontera.

Al día siguiente fui cordialmente invitada al colegio del pueblo por el teniente gobernador y el agente municipal, dije unas breves palabras, y recorrí la pequeña escuela junto a las entidades del pueblo, me mostraron el huerto, los salones de clases, los niños me reconocían y como orgullosos decían entre ellos que era ¨La que sabe gritar¨.


Así ya no aguanté y me fuí a bañar al pozo, en realidad me bañé gracias a la compañía de unas niñas que me ayudaron con el tema coordinación/balde y bueno se separa la ranita para allá y la oruguita por acá y el agua en tu cuerpo.
  Me bañe junto a las niñas, lo más sorprendente para ellas fue cuando saque el jabón, las jaboné a todas bien blancas de espuma y zás! Los baldes de agua prolífera en especies, llegó la tormenta, ellas sacaron hojas de palmera para utilizar de paraguas, estuvo muy bueno ese regreso corriendo una tras otra bajo la lluvia con esas hojas de palmera cubriéndonos en fila.

Luego me trenzaron el pelo entero, en fin, hicieron conmigo lo que quisieron.
Quedaba solo una noche y yo no podía olvidar mi encuentro en el interior del monte cada vez que me dormía, hay un momento en que uno traspasa un umbral dentro del estado de sueño, era ese instante el que me traía de un aterrorizado salto a la vigilia, a pesar que estábamos ya en casa y muy cercanos al río, yo seguía con un shock latente, una incertidumbre permanente de cómo se podría investigar mi experiencia, pensamientos silenciosos... Eso no fue un sueño de los recuerdos reflectantes de mi cerebro, ni una pesadilla, era un ente, una energía con conciencia, capaz de comunicarse en otra frecuencia de la mente.

El último día fui invitada nuevamente a la escuela para poder despedirme y la comunidad me dio un regalo, ni más ni menos que 50 metros cuadrados, donde yo quisiera, asi tendrían la certeza que volvería y podría construir una vivienda en torno a esos 50 metros cuadrados y me entregaron un documento que legalizaba mi propiedad. 

Para mí ha sido uno de los regalos más valiosos que hasta hoy he recibido, el documento en papel mantequilla escrito con máquina antigua lo tengo enmarcado en el living de mi casa. 

Volví en mi segundo viaje a la región dos años después solo con un objetivo; Retornar al mismo lugar donde me encontró el militar insaciable y perverso, quería enfrentarlo y me sentía preparada para hacerlo, valiente y empoderada junto a Mauro Padre, nos quedamos dos noches, pero más que la húmeda y profunda oscuridad de la selva, con sus grillos y cigarras, nunca más me visitó una mala presencia.. Dormí profundamente ambas noches esperando.
Mauro padre expresó palabras que desde hace poco entiendo:
 -  Carolina la testaruda, ya traspasaste la barrera, confía en ti y tu capacidad de viajar por sobre los árboles, la selva por algo te llamó ¡Despierta! 
Para mi tristeza la señora Rosa había enfermado y muerto, el pueblito Sinchicuy ya no existía, había desaparecido, en su lugar ahora existía una gran construcción militar. Los habitantes con sus niños habían migrado a otros pueblos cercanos. Todo es efímero.
  
La sanación  con plantas y el conocimiento medicinal en la naturaleza siempre la he incorporado en mi pasar, confío en ellas y me entregan energías, es la planta madre la que me llamaba ahora.

Entonces vuelvo por tercera vez a la selva amazónica y al inicio de esta historia escrita, esta vez ya más grande y adaptada a lo nuevo, en busca del aprendizaje que me ofrecía la liana, la madre de todas las plantas.

Con Mauro decidimos viajar río arriba por el Ucayalí, tomamos un barco con al menos 300 personas a bordo que demoró tres días en llegar a destino. Conocí evangélicos fanáticos que desde que subí  intentaron por todos los medios introducirme un resplandor de luz divina cómplice de su religión, frustrados e incapaces de convencer a esta atea implacable cada vez eran más insistentes, entonces encallamos y la cosa se puso color oscuro, más oscuro que la noche que nos acompañaba.  El barco comenzó a temblar y el ruido de los motores evidenciaba sobre esfuerzo, así en un momento la tripulación dio ordenes para que todos nos moviéramos de un lado a otro y así facilitar casi al tacto una eventual salvación... Eso estuvo muy bueno, era pasada la media noche y más de 300 personas desesperadas dentro de un espacio limitado y flotando. 
La gente se pisaba, garabateaban, los niños lloraban y el grupo de testigos de Jehová cambió su pregonar a suplicas para ayudarlos a salvar sus vidas por que no sabían nadar, yo en realidad un poco cansada de su indiscreto y permanente abordaje, les aconsejé que rezaran para salvar la nave y toda la vida que esta sostenía sobre las chocolatadas  aguas y como si fuera una orden sagrada, lo hicieron sin dudar. 

Cuando la tripulación informó que estábamos a salvo, un evangélico adjudicó mi consejo a que su dios había iluminado mis palabras para proceder de la mejor manera para sacar el barco.


También conocí  a un chico que había perdido a sus dos hermanas por VIH y que temía que el también estuviera infectado, pero extendería su dolor e incertidumbre hasta que muriera, o tal vez no y seguía vivo, pero sin sus hermanas,  lloraba borracho y sin consuelo.

Yo tenía una habitación que era una especie de placard claustrofóbico con un camarote donde cabes de lado, prefería estar afuera junto a las hamacas de todos. Decidimos entonces meter los bultos al camarote y yo dormí en una hamaca junto a los demás pasajeros, casi no había turistas y el capitán del barco se veía muy seguido por los alrededores, riendo e imponiendo su autoridad, gordo, sudoroso, con aspecto y actitud de ¨Los que trabajan la maderita¨.

Nuestro destino era Requena una gran ciudad en medio del Ucayali, ahí  Mauro tenía a la persona indicada para la toma de Ayahuasca, lo que no me advirtió en todo el viaje es que esta persona no atiende a los extrangeros, entonces una vez que ya estábamos montados en el motocar acercándonos a su hogar me sugiere que debo actuar como una peruana de Lima, para que la señora no se molestara. Esto me sorprendió en Mauro, y yo que no sé mentir, obviamente me negué al engaño, le dije que fuéramos a ver qué pasaba y si nos echaban a patadas, allá ella.

Una vez ya en su hogar, una casa improvisada con suelo de barro seco y latas de techos mal puestas, una construcción precaria y pobre, en un campamento al borde del monte, esta choza colindaba con el principio de la selva, lejos del río.
Entra la señora en escena, una mujer que se hacía llamar bruja, era pequeña de cuerpo grueso, rasgos orientales, un llamativo lunar de carne en medio de sus cejas, donde está la  pineal, pómulos prominentes, pelo liso y morena.
La verdad ni siquiera hablé cuando ella como con una metralleta comenzó el ataque:
-Tu no eres de acá ¿Qué haces dentro de mi espacio?, ¿Cómo te atreves a venir  a mi casa si eres una simple extranjera?
-Yo no atiendo personas como tú- , luego no conforme con eso, le dispara a Mauro quien la miraba tranquilo, como un espectador esperando el desenlace de un film.
-¡Mauro eres un insolente!-
 La verdad me quedé pasmada, impresionada por  su agresividad,  me acerqué y le dije: - Si, yo no soy peruana, pero no te ofusques tanto que ya me voy-  Y le digo a Mauro como casi ordenándole:
-Nos vamos ahora- La bruja me interrumpe:
- Ahh y erí valiente- Dando unos pasos hacia mi.
 - ¡Erí bien valiente!- Me toma de un brazo volteándome hacia ella y clavando sus pupilas en las mías tras un breve silencio, asintió con su mirada
-¡Bien valiente la pendeja! - 
 Miró a Mauro como si fueran cómplices de esta obra confusa para mi,  la bruja baja su mirada hacia mi pecho y me pone su mano en la parte del corazón.
 -Pero no podí andar con ese corazón abierto... ¡Atrevida! - 
Me daba golpes con su palma abierta en el corazón.
 -¡No podí andar con ese corazón abierto, por los lugares que hay andao y los que vay a andar! - 
Entonces leí un dejo de conmoción en su mirada y con eso se dio media vuelta y caminó hacia el interior de su casa mientras me hablaba:
 - Hay que sellarte ese corazón, que atrevida que has sido niña inconsciente, noble y atrevida-
Yo no comprendí, solo Mauro me hizo entender con un gesto que todo estaba bien y que me sentara en el suelo de tierra.
La mujer volvió con un vaso pequeño donde estaba su brebaje, mucho menos de lo que yo había tragado en mis primeras experiencias, más oscuro, intento explicarle que a mi nunca me había afectado...
 -Cállate y bebe- Interrumpe con otro balazo, seguí sus órdenes sin hablar, ni pensar más.

Tras empinar el vaso, sintiendo un gusto mucho más amargo, mucho más espeso, le devolví el minúsculo recipiente y ella se subió sobre mis hombros, con una mano tomó mi cabeza inclinándola hacia adelante y comenzó a sacudir su sonaja de semillas sobre mi coronilla. No pasó mucho tiempo cuando mi realidad fue sacudida por una especie de remolino, mareada, muy mareada, arriba de este espiral de energía, me dejé llevar y entregué mi humanidad a la maestra bruja, es ahí que me dieron ganas compulsivas de devolver lo tomado, le avisé y salió de arriba mío, Mauro tomó mi brazo guiándome hacia afuera de la choza. 
Al salir sentí una inexplicable armonía, aun que era de noche, vi la selva, las luciérnagas, la naturaleza. Vomité como muy pocas veces en mi vida, era una expulsión, un arrojar, desembuchar todo lo malo de mi interior. Cuando mi cuerpo estaba vacío, empecé una serie de alucinaciones maravillosas, los espirales eran el código común, cortezas, esqueletos de hojas, iris de los monos, de jaguares, opérculos, huellas digitales ¡Todo esta compuesto por espirales! 
Era el principio, el ADN, el universo, constelaciones, la magia, -¨Este es el centro de la tierra¨- Concluía mi cerebro. 
Cuando ya me preparaba a volar, sentí como amarrándome a una cadena que me tomaron del brazo para ingresar nuevamente donde mi maestra, yo no quería, quería correr selva adentro, pero la bruja me llamaba autoritaria, me debía sellar y lo haría.
 -¡Erí porfiada pendeja! Tienes que aceptar este trabajo, para seguir adelante, porque tení mucho por delante, y así de inconsciente, debes ir con el corazón sellado-  
Se volvía a montar sobre mis hombros y comenzaba su música ceremonial con las semillas. Yo en ese estado lo único que anhelaba era huir como en una estampida y ser libre, correr y conectarme con esos espirales, pero me mantuvo, en la medida que avanzaba el tiempo, se volvió más suave y tierna, se reía conmigo cuando yo le mentía para ir fuera, le decía que quería vomitar más,  solo para salir al exterior y como si estuviera en mi cerebro, me decía que no me resultaba mentirle, que me quedara quieta solo esa noche, ya pronto volaría libre y protegida, solo esa noche quieta.

Cuando terminó la sesión yo estaba muy agradecida, le agradecía una y otra vez, pero me quería ir, necesitaba libertad, ella lo sabía y me acarició en la despedida: - Esto te va a durar 10 años,  luego de ese tiempo ya vas a entender,  vas a saber si necesitas que te selle nuevamente o no, yo creo que no, pero ya sabes donde encontrarme si aún no despiertas, si despiertas, también sabrás como encontrarme, ha sido un honor y cuida tu andar-


Han pasado 12 años y ya entiendo mucho, no todo, y claro que he andado en caminos inimaginables, con aventuras espectaculares, he conocido todo tipo de gente, formas, energías, lo acepto agradecida y funciono intuyendo o espontáneamente sin cuestionar.


La noche con su umbral y visitantes hoy es mi amiga, los errores son aciertos y las coincidencias son regalos, la magia del entregar retribuye armonía serena, solo recibo humilde experiencia intentando visualizar la frecuencia indicada para vibrar diferente, siempre en movimiento, evolucionando, mutando.




 La planta maestra me ha encontrado en más ocasiones en distintos contextos, siempre fuera de Chile y con variados seres hermosos, esos otros que vuelan libres, sin apegos ni aprensiones, siempre conscientes de que nos volveremos a encontrar.  















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